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Autores insatisfechos y medios de comunicación, principales denostadores de la SGAE
18 de febrero de 2008
La defensa de las entidades de gestión, el desconocimiento acerca de ellas y su propia eficiencia e importancia en el desarrollo cultural como razones –injustificables- para llevarse “todas las bofetadas” son el eje de este artículo de Sabino Méndez. LEVIATÁN ¿Por qué siempre los escritores querrían ser músicos y los músicos, escritores? ¿Será porque los prados dónde retoza el vecino siempre nos parecen más verdes? En mi caso, queriendo ser escritor, me encontré muy joven debutando como músico. Luego pasé a la literatura. En una tarea u otra, siempre me encontré con la gran injusticia que comete la agencia tributaria con los artistas. Los artistas son gentes que pueden pasarse más de dos años puliendo y preparando una obra y luego -cuando esa obra rinde al fin- Hacienda les aplica el máximo baremo impositivo como si cada año tuvieran esos mismos ingresos. El resultado es que el artista se ve obligado a administrar con mucho tiento y cierta angustia los beneficios de un éxito hasta que su próximo proyecto empiece a funcionar. La mejor arma que hemos tenido los músicos compositores para protegernos de ese panorama ha sido la SGAE. Actualmente, parece cómo si estuviese de moda denostarla y hacerla impopular. Parece el pelele de paja que se lleva todas las bofetadas. Pero los ataques (algunos razonables, la SGAE. evidentemente también tiene defectos) son producto, en su mayoría, del interés o del desconocimiento. Parece como si quisiéramos culparla de su propia eficiencia. Cobra a todo el mundo y no se le escapa ni un céntimo. No cae bien a nadie, pero lo cierto es que recauda los legítimos derechos de los autores cuando se usa algo nuestro. Hay muchos autores que no tienen éxito y no recaudan gran cosa. Es duro decirlo pero es así. Como el reparto es proporcional al éxito conseguido, es humano que se sientan insatisfechos. La cultura de la queja que se ha instalado en nuestra sociedad hace que culpen de ello a la SGAE. Pero lo cierto es que nadie puede obligar al público a que escuche una canción por decreto para convertirla en éxito. Se puede presionar y machacar promocionalmente para intentarlo pero -la industria lo sabe bien por sus sonados fracasos- no hay manera matemática de conseguirlo. Los medios de comunicación son otro de los denostadores de la SGAE. y vehículos de las noticias de su supuesta impopularidad. ¿Por qué? Solemos olvidar que las televisiones deben tributar a la SGAE. grandes cantidades por el uso que hacen de nuestras canciones. Una SGAE. menos eficiente en su recaudación les convendría mucho para sanear los balances anuales. Algo parecido sucede con los periódicos. La competencia se ha puesto muy dura en el quiosco y todos se ven obligados a regalar coleccionables para intentar superar a los rivales. Ahora bien, esas colecciones deben tributar a SGAE. por el uso que hacen de obras de autores diversos. Las tiradas de esos coleccionables son enormes así que estamos hablando de cantidades realmente muy importantes. A la prensa también le vendría al pelo una SGAE. más torpe en sus recaudaciones para conseguir un precio más bajo en la venta de quiosco. Para presionarla, la mantienen en un constante chantaje de impopularidad. Un pulso de mercado al fin y al cabo. A la luz de estos simples hechos, uno se mira la impopularidad de la SGAE de otra manera. Yo, que no soy uno de los autores más recaudadores ni trabajo para ningún organismo, hace años que sé que la SGAE. no es un malvado todopoderoso sino un león de tamaño comparativamente medio que se defiende con bravura frente a los grandes monopolios de comunicación. Soy decidido partidario del canon y de que lo gestione la SGAE. Se dirá que, como autor, mi posición es interesada. Y lo es, pero observaré que también soy un catalán partidario de que se construyan con mis impuestos autopistas hasta Vigo y La Coruña aunque ignore si algún día las pisaré, ni posea ninguna situación interesada en las empresas viarias. Sucede simplemente que tengo bastante clara la idea de lo que es un Estado, lo que es la utilidad pública y lo que es el interés general. Hoy por hoy, el único y verdadero problema de la SGAE. es su propio tamaño y alcance. Al fracasar todos los intentos de competencia en su torno, es un inmenso leviatán que tiene sus propias inercias muy complicadas de rectificar. La última generación hizo un trabajo estupendo informatizándola y extendiéndola hasta todas partes. Es un trabajo tan único, especializado y complejo que cualquier empresa auditora siempre irá un poco vendida porque tendrán que ser los propios de la casa quién les explique como se hacen esas cosas complicadísimas. Siempre nos encontraremos cierto grado de opacidad, propio de su tamaño. El problema de futuro de la SGAE es preparar a gente lo suficientemente sensata (tanto de público como de gestores) para entender estos matices. Será lento. Es lo que tienen los leviatanes, que se convierten en armatostes tan enormes que son de difícil manejo. Reconducir sus inercias requiere paciencia y gran esfuerzo. Pero todo lo que ha creado una mente humana otra bien preparada puede reconducirlo. Pensemos sino en dos inmensos leviatanes como la civilización y la cultura, creados por humanos, siempre reconduciéndolos, y que, a fin de cuentas, nos han dado comparativamente (no creo que nadie se atreva a negarlo) más beneficios y confort que desgracias y depauperación. Publicado en la revista del Colegio de Registradores. Sabino Méndez es autor y músico. Ha escrito los libros Corre, rocker, Limusinas y Estrellas y Hotel Tierra. Conferenciante habitual en Universidades españolas y latinoamericanas, ha sido co-fundador de Ciutadans de Catalunya y Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía.
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